Eduardo Ortega
aGrupo de Inmunofisiología. Instituto Universitario de Investigación Biosanitaria de Extremadura (INUBE), Universidad de Extremadura. Avda de Elvsas s/n 06006 Badajoz, España.
E-mail: orincon@unex.es
Palabras clave: balneoterapia, peloides, sistema inmunitario, inflamación, termorregulación, estrés, hormesis.
La balneoterapia, especialmente cuando se aplica mediante peloterapia con aguas mineromedicinales hipertermales, ha mostrado efectos positivos en pacientes con patologías inflamatorias crónicas como la osteoartritis, reduciendo el dolor, mejorando la movilidad y, en general, aumentando la calidad de vida. Estos efectos no son solo locales o sintomáticos, sino que se derivan de una compleja cascada de respuestas fisiológicas, reguladas principalmente por mecanismos de termorregulación, hormesis y respuesta biorreguladora adaptativa.
Uno de los elementos clave de esta respuesta es la hormesis, entendida como una forma de estimulación beneficiosa del organismo provocada por una exposición leve a un agente estresor, en este caso el calor. La hipertermia inducida por la balneoterapia representa un estímulo hormético típico, que activa mecanismos celulares y sistémicos de defensa y reparación. A diferencia de exposiciones intensas o prolongadas, que pueden ser dañinas, una dosis controlada de estrés térmico genera una alteración temporal de la homeostasis que activa respuestas compensatorias protectoras, fortaleciendo la resiliencia del organismo.
A nivel fisiológico, este proceso hormético activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), lo que conlleva una liberación regulada de cortisol, hormona con efectos antiinflamatorios y moduladores del sistema inmunitario. Esta activación promueve una “inmunomodulación inteligente”, reduciendo la inflamación estéril de bajo grado sin suprimir la capacidad del sistema inmune innato de responder eficazmente a infecciones. Además, se puede producir también la adaptación de la expresión y liberación de proteínas de choque térmico y antioxidantes, que participan en la reparación celular y en la reducción del estrés oxidativo.
Desde una perspectiva más amplia, la respuesta desencadenada por la hormesis térmica en balneoterapia se integra dentro de una biorregulación adaptativa, reequilibrando la interacción entre los sistemas nervioso, endocrino e inmune. Esto tiene especial importancia en patologías como la osteoartritis, donde estas interacciones suelen estar desreguladas. Además, este proceso se ve reforzado por la participación de otros factores estresores beneficiosos —hormetinas químicas presentes en las aguas y peloides— y por el componente psicológico positivo de la experiencia termal.
En conjunto, todos estos elementos contribuyen a una respuesta psiconeuroinmunoendocrina integrada, donde el alivio del dolor, la disminución del estrés emocional y la restauración del equilibrio inmunológico forman parte de una misma red de efectos interrelacionados.
Por tanto, la balneoterapia puede entenderse como una intervención basada en principios de medicina adaptativa, en la que la hormesis térmica y química actúa como catalizador de procesos de reparación, regulación y fortalecimiento del organismo, con efectos que van más allá de lo local para alcanzar una mejora funcional y sistémica.